Suena a eufemismo hablar de infidelidad virtual. Algo virtual en principio nos suena a algo que no es real, algo que parece que sucede pero que no sucede realmente. Algo que se asemeja a la realidad pero que no es real.

Cuando hablamos de infidelidad virtual nos estamos refiriendo a la infidelidad que se produce a través de un canal de comunicación, a través de internet, no hay contacto físico pero sí conexión interpersonal. Cuando chateas o envías un email, no te comunicas con el ordenador, la Tablet o el móvil, sabes que detrás existe una persona con la que te vinculas emocionalmente. Por tanto, es real y para los que somos terapeutas de pareja sabemos que tiene los mismos efectos devastadores que una infidelidad en la que se produce un encuentro físico.

Según Mileham, para que una conversación en chat se considere infidelidad, se deben dar tres elementos necesariamente:

1 El hecho de estar en una relación de pareja estable y que conlleva compromiso de exclusividad. 

2 Ocurre en secreto y se mantiene fuera del conocimiento de la pareja.

3 El hecho de establecer una intimidad emocional o sexual con una persona diferente de la pareja es ya un hecho clasificable como infidelidad.

Por tanto, lo que ha cambiado de modo superlativo la infidelidad es que mientras antes de Internet se requería que salieras de casa, flirtearas, gastaras dinero e invirtieras horas y energía fuera de casa.

El problema que implica la infidelidad virtual es que la persona que la comete tiende a negarlo más, o realmente a minimizarlo. Por este motivo el efecto es igual de dañino o incluso más por este motivo. Una vez descubierto es más frecuente una revictimización porque como mecanismo de defensa quien lo provoca tiende a quitar importancia lo cual provoca un mayor sentimiento de impotencia hacia el miembro de la pareja que lo sufre.

En terapia nuestra labor es explicar que el daño es el mismo que si hubiera contacto físico porque emocionalmente se ha buscado un sustituto a la pareja y se ha ocultado.

Lo más importante es comprender que la infidelidad por Internet o virtual genera en la pareja las mismas emociones dolorosas que una infidelidad física tradicional, a saber: Depresión moderada, ansiedad, trastornos del sueño y la alimentación, baja autoestima, conductas obsesivas, sufrimiento por la traición y engaño de una intensidad muy parecida a la que produciría una infidelidad física, sensación de soledad y aislamiento. 

Las parejas que buscan apoyo en nuestro gabinete pueden reconocer y aceptar el hecho de que su relación de pareja merece ser cuidada, abren la puerta a una nueva perspectiva de satisfacción, que es posible restaurar la confianza y apoyo mutuo en la solución de problemas y se genera un consenso en cuanto al uso del Internet.

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